domingo, enero 28, 2007

Martí en su 154 aniversario


Por: Armando Hart Dávalos
Tomado de Periodico Granma

Cada nuevo aniversario del natalicio de José Martí nos mueve a reflexionar sobre el significado y vigencia de su legado ante los cruciales desafíos que la humanidad tiene ante sí en estos inicios del siglo XXI.

En medio de los procesos que se desarrollan en el plano económico, político y social en diversos países de nuestra región, cobra mayor importancia el aporte de Martí, y de su principal discípulo Fidel Castro. Sus métodos políticos, inspirados en principios éticos de valer universal, poseen argumentación lógica que resulta indispensable estudiar con mayor profundidad en nuestro país y proyectarlos a escala internacional.

Es imprescindible profundizar en ese acervo del pensamiento político cubano que explica la singularidad de las ideas de Martí y de Fidel y que se fundamenta en superar la vieja consigna reaccionaria de divide y vencerás, estableciendo el principio de unir para vencer.

Resulta muy elocuente la definición de política que Martí nos da:

Obsérvese el alcance universal de la definición, la expone como una categoría de la práctica. Ella es válida para cualquier práctica política con independencia de las intenciones o aspiraciones de quien las desarrolle. El error del dogmatismo se halla en homologar ideología con política. El error del oportunismo radica en divorciar estas dos categorías. Nosotros concebimos el término ideología en el sentido de producción de ideas. Es la articulación de ambos planos de la realidad la que facilita los vínculos eficaces entre teoría y práctica, si se aspira, desde luego, a una práctica de valer universal.

Todos los grandes pensadores cubanos aspiraron a alcanzar la integridad de la cultura y fue así porque ellos luchaban por la victoria definitiva de la justicia a escala universal. La originalidad de José Martí y de Fidel está en que sobre estos fundamentos forjaron las bases de lo que he llamado cultura de hacer política. Esta contribución, unida a la práctica pedagógica de la escuela, al papel de la familia, de la comunidad y de lo que hoy llamamos medios masivos, explica la originalidad señalada y que tiene como objetivo fundamental alcanzar la justicia para todos los seres humanos sin excepción.

Precisamente, el drama del socialismo en el siglo XX se explica por el hecho que tras la muerte de Lenin se pasó por alto la cultura. Martí lo había advertido cuando dijo en carta a su compañero Fermín Valdés Domínguez, que "dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras:—el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas:—y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos";2 es decir, el de la ignorancia, y el del oportunismo, la mediocridad y la corrupción. En la incultura y en la maldad humana estaban para el Apóstol los peligros que tenía la idea socialista, por esto fracasó el socialismo real. También Martí señaló en esa propia carta a Fermín Valdés Domínguez que en nuestro pueblo no es tanto el riesgo como en la sociedad más iracunda de Europa, y le expuso ideas clave que recojo a continuación: "[¼ ] explicar será nuestro trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos de pedirla. Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su defensa".3

Para avanzar por los nuevos caminos del socialismo hay que partir de una elevación cultural y ética. Es lo que nos puede conducir a una práctica política continua y sistemática a favor de la justicia y del equilibrio del mundo.

Hay dos elementos clave de la política martiana que quiero destacar: la radicalidad y la armonía. Hay personas radicales que no son armoniosas y crean innumerables dificultades, y las hay armoniosas que no son radicales y no logran una política seria. Martí era un hombre radical y armonioso, por eso se planteaba lograr el máximo apoyo posible para la causa de la independencia de Cuba. Para una acción eficaz es necesario procurar esta relación. Lo original de nuestro tiempo es que el principio maquiavélico ha perdido eficacia, porque hoy en día los problemas se han globalizado y son de tal magnitud que dividir no significa vencer, está probado en la política contemporánea.

La suprema aspiración a la justicia —ese sol del mundo moral como señaló Luz y Caballero— está en estudiar y procurar la orientación de las categorías fundamentales de la historia espiritual del hombre: cultura, ética, derecho y política solidaria. Para ello, podemos valernos de la mejor tradición espiritual de nuestra América, cuya expresión más alta está en José Martí, Simón Bolívar y en una legión de próceres y pensadores.

Con sus ideas y el método electivo de la mejor tradición filosófica cubana de principios de la primera mitad del siglo XIX: todas las escuelas y ninguna escuela, he ahí la escuela; todos los métodos y ningún método, he ahí el método, podremos superar los ismos que limitan y dividen y tomar lo mejor del pensamiento acumulado en la larga evolución humana.

El Apóstol afirmó que Dios está en la idea del bien, por esta razón pudo decir Fidel en vísperas de la Revolución socialista que "quien traiciona al pobre traiciona a Cristo", porque es el bien para todo el mundo. Estos principios sirven para relacionar las ideas martianas con los sentimientos más profundos que dieron fuerza a Cristo, Mahoma, Buda y a todos los grandes representantes de religiones. Dejemos de lado todo sectarismo y procuremos las ideas esenciales de Martí, con su carga esencial de solidaridad y fe en el mejoramiento humano que también podemos encontrar en el mandato de "Amaos los unos a los otros" del cristianismo, y con similares conceptos en cualquiera de las religiones del mundo. Por esto, señaló Martí:

Hoy, cuando están en marcha en América Latina procesos revolucionarios y de profundo contenido popular, en el quehacer político de Fidel, Chávez, Evo Morales, entre otros, podemos encontrar las formas correctas de hacer política, fundamentadas en la tradición latinoamericana y en la cultura de José Martí que procura el logro de aspiraciones radicales a la igualdad y justicia social y al propio tiempo unir el mayor número de fuerzas posible para alcanzar esos objetivos, es decir, "Con todos, y para el bien de todos".5

1 José Martí. La Opción Nacional, Caracas, 17 de septiembre de 1881, O. C. t:
14, p. 60.

2 José Martí. Carta a Fermín Valdés Domínguez. O. C. t. 3, p. 168.

3 José Martí. Carta a Fermín Valdés Domínguez. O. C. t. 3, p. 168.

4 José Martí, Obras Completas, Editorial Ciencias Sociales, 1973.
La excomunión del padre McGlynn, t. 11, pp. 242-243.

5 J. Martí, O. C. Discursos revolucionarios, Liceo Cubano, Tampa, 26 de
noviembre de 1891, t. 4, p. 279.

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